sábado, 19 de junio de 2010

ADIOS A SARAMAGO.


“La vida es como una vela que va ardiendo, cuando llega al final lanza una llama más fuerte antes de extinguirse. Creo que estoy en el periodo de la última llamarada, antes de la extinción. Lo digo sin dramatismo. Tengo muy claro que no voy a vivir mucho más. Ahora estoy en una fase en la que sí creo que puedo hacer un trabajo y lo puedo hacer bien, quiero hacerlo. Después acabará todo y quedarán mis libros, que pienso seguirán siendo leídos.” José Saramago.


A Saramago lo he leído todo o casi todo. Es imposible, casi pretencioso, afirmar sin temor a equívocos que se ha leído todo lo que una persona ha escrito a lo largo de su vida. Sin embargo a José Saramago le he seguido su pista literaria a lo largo de 12 años de mi vida. Me interesé realmente por él a raíz de su premio nobel, y desde ese pequeño ‘Cuento de la isla desconocida’ que leí en un parpadeo, me he convertido en un devorador de su letra y de su sensibilidad tan humana, demasiado humana.

En ese proceso conocí a ese escritor que parecía un padre, un abuelo, en todo caso alguien con la autoridad para hablar de nosotros, de lo que somos, del aprecio por lo humano como causa de sentido en nuestra absurda existencia. Saramago me hablaba íntimamente en esos laaargos párrafos que muchos criticaban como falta de técnica de escritura, pero que se convertían en bloques de sentido, en textos por derecho propio en los que el autor portugués sacudía su conciencia y la plasmaba en el papel. Recientemente lo seguí a través de su blog, en el que Saramago dejó constancia de su profundo compromiso con un humanismo remozado, siempre alerta ante la deshumanización del mundo, producto de la conjunción nefasta entre capitalismo tardío y sociedad del espectáculo. La suya fue una apuesta por un mundo donde el individualismo no se convirtiera en tiranía contra el hombre como especie; donde el Estado seguía regulando los mercados deshumanizantes; donde la democracia operaba en torno al bien común y no a un sistema en beneficio de unos pocos.

Hijo de campesinos sin tierra; nacido en 1922 en Azinhaga, Ribatejo, a 100 kilómetros al norte de Lisboa, ha sido el único premio Nobel de la lengua portuguesa hasta hoy. Fue, en palabras de Javier Rodríguez Marcos, poeta antes que novelista de éxito y antes que poeta, pobre. La pobreza de esos primeros años, flagelante y sentida en la carne y el espíritu, fue determinante en el derrotero de su estilo literario y de su punzante y provocadora visión política y humanista. Fue esta sumatoria de posiciones y vivencias personales las que lo llevaron a armar densas polvaredas y agrias polémicas con las autoridades religiosas en todo el mundo y las políticas en su Portugal natal, país que se negó a presentar su nombre al premio nobel de 1991, lo que motivó su exilio autoimpuesto y su larga relación de vida con la isla de Lanzarote. Por ello, Saramago era una piedra en el zapato lustroso del poder, en las sandalias episcopales que ponían sus alaridos en esos cielos opresivos e imaginarios con los que la religión de Cristo ha denigrado la vida en la tierra.

Se fue Saramago y con él se va toda una época y un modelo de ser humano y escritor, siempre comprometido y siempre lúcido. Nos quedan sus obras, su pensamiento bella y claramente expuesto. Nos quedan sus libros, manifiestos en el que el ser humano se desarrolla en un universo caótico, pero en el que siempre triunfa en conjunto con los otros. Nos queda Historia del cerco de Lisboa, una reflexión sobre la escritura de la historia y las luchas por el control de la verdad y la memoria; nos queda El evangelio según Jesucristo, que nos muestra a un Jesús humano a merced de un Dios que no es de fiar, vengativo y rencoroso; nos queda Ensayo sobre la ceguera, alegoría del sujeto político contemporáneo, cuya mirada cada vez se cubre más de esa lechosa y blancuzca capa entre los ojos y la realidad; nos queda La Caverna, metáfora platónica asentada en el capitalismo contemporáneo; nos queda El viaje del elefante, una reflexión sobre la "compasión solidaria", que relata el extraño viaje de Salomón, un elefante que se constituye en representación del viaje de la especie humana por esta vida, siempre a merced de los caprichos de los gobernantes; y nos queda Caín, ese cobro de cuentas con el Dios judeo-cristiano, mas que un libro, un canto de cisne cuyo último estertor no dejó de ser a la vez sobrecogedor y polémico.

Hasta siempre maestro Saramago. Gracias por vivir y gracias por su palabra.


Lecturas selectas
- Manual de pintura y caligrafía, 1977.
- Casi un objeto, 1978.
- Levantado del suelo, 1980.
- Memorial del convento, 1982.
- El año de la muerte de Ricardo Reis, 1984.
- La balsa de piedra, 1986.
- Historia del cerco de Lisboa, 1989.
- El Evangelio según Jesucristo, 1991.
- Ensayo sobre la ceguera, 1995.
- Cuadernos de Lanzarote, 1997.
- De este mundo y del otro, 1997.
- La caverna, 2000.
- El hombre duplicado, 2002.
- Ensayo sobre la lucidez, 2004.
- Poesía completa, 2005.
- Las intermitencias de la muerte, 2005.
- Las pequeñas memorias, 2007.
- El viaje del elefante, 2008.
- El cuaderno, 2008.
- Caín, 2009.
- José Saramago en sus palabras, 2010