Al momento de ser escrito este texto, a lo largo de todo el Perú, habitantes de la costa, sierra y selva acuden a las urnas para elegir presidente, dos vicepresidentes, ciento treinta congresistas, y quince representantes al parlamento andino.
Se trata de unas elecciones que se han librado tanto en la plaza pública, como en los programas de televisión, sean estos de espectáculos, cocina o humor, en los que los candidatos a la presidencia han aparecido para ganar unos votos más. Por el momento, hoy, día del certamen electoral, hay una cosa clara: Ollanta Humala será el ganador de la primera vuelta presidencial. Lo que está en duda es el nombre de quien se enfrentará con el en el Ballotage, la segunda vuelta del cinco de Junio.
Al igual que lo sucedido hace cinco años, la gran sorpresa de estas elecciones se llama Ollanta Humala. Este exmilitar y el candidato de Alianza Para el Gran Cambio, Pedro Pablo Kuczynski (exministro de economía), son los únicos que han mostrado una tendencia de crecimiento sostenida en la intensión de voto. Los demás, o se han mantenido estables como Keiko Fujimori (exprimera dama y exsenadora), o han caído en el volumen de sus cifras, como Alejando Toledo (expresidente) y Luis Castañeda (exalcalde de Lima).
Como es de esperar en la política peruana, una de las más impredecibles del mundo, las cifras favorables a Humala nadie las hubiera podido predecir hace tres semanas cuando existía un virtual empate técnico entre los cinco candidatos. Entonces, se decía que la final sería de foto finish. En realidad esto no ocurrió y Ollanta se disparó un par de semanas antes de la primera vuelta. En la intensión de voto del electorado, le sigue Keiko Fujimori, la hija del expresidente Alberto Fujimori, codenado a 25 años por las masacres de La Cantuta y Barrios Altos, por parte del grupo COLINA, con el 21%; escoltada muy de cerca por Toledo y Kuczynski, ambos con un 18%, quienes se disputan la mayor parte del voto conservador.
Ollanta llega a los comicios con el 29% de la intención de voto. Lo que demuestra que la estrategia de marketing electoral ideada por el experto Joao Santana, el mismo que ayudó a Lula da Silva a obtener la presidencia en 2002, está dando resultados. Estos, se manifiestan en un cambio en la imagen y el tono del discurso del candidato de Gana Perú, que proyecta una figura muy distante de la que lo llevó a ganar las elecciones hace cinco años en primera vuelta, para perder en segunda frente a Alan García.
A diferencia de lo ocurrido en el 2006, el Humala modelo 2011 se muestra menos afín al etnocacerismo, la doctrina fundada por su padre Moisés y que conjuga socialismo, fascismo, racismo y chauvinismo, con un fuerte nacionalismo étnico que reivindica el poderío y la identidad del Tahuantinsuyo, el imperio incaico, y aboga por su restauración; en su plataforma también figura la unidad política de Perú, Bolivia y Ecuador (Andinoamérica); el remplazo de las élites tradicionales blancas por miembros de la población indígena y mestiza; la oposición a la intervención de Chile en la economía peruana y la aplicación de la pena de muerte.
El Humala del 2011 también reniega de todo lo que le pudiera mostrar cercano al Chavismo, y niega tenar ningún tipo de simpatía o cercanía con el dictador venezolano. Hace cinco años afirmaba ser un revolucionario, ahora se muestra más gradualista y respetuoso de los acuerdos comerciales firmados por Perú. Entonces, afirmaba que Perú era una neocolonia y se mostraba simpatizante del proceso político venezolano de los últimos años. Consecuente con ello, se proponía cambiar la constitución, que consideraba ‘neoliberal’, ilegal y delincuencial, por ser heredera del autogolpe de Estado fujimorista de abril de 1992.
Humala ha aprendido pues las lecciones de la historia. Su imagen y discurso no solo parecen remozados, también ha aprendido que la política en el Perú se juega por fuera de los partidos. Y no solo él. De los cinco candidatos, ninguno pertenece a un partido institucionalizado. Como evidencia del colapso del sistema de partidos peruano, el APRA, único actor colectivo en el panorama político que merece el remoquete de ‘partido’, ha ido a estas elecciones sin candidato propio y ha decidido apoyar la candidatura de Kuczynski. En esta ocasión Humala ha ido respaldado del Movimiento Gana Perú, una amalgama del Partido Nacionalista Peruano con diversos partidos de la izquierda tradicional.
El mismo día que, a bordo del velero ‘Karisma’, escapaba del país el oscuro y poderoso ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos, el Perú conoció a Ollanta Humala. Ese primero de Octubre de 2000, siendo militar en actividad, se levantó en Locumba (Moquegua) junto a su hermano Antauro, contra el régimen de Alberto Fujimori, que vivía los agónicos estertores de sus últimos días. Entonces los peruanos conocieron que se trataba del segundo de una familia ayacuchana de siete hermanos. Su padre, un ex dirigente cuasi socialista, es el ideólogo y fundador etnocacerismo. En consecuencia con su proyecto de recuperar el esplendor del pasado preincaico, el padre dio a sus hijos nombres incaicos como Pachacutec, Ima Sumac, Cusicollur o Antauro. El de Ollanta quiere decir en quechua "el guerrero que todo lo mira" (Su apellido en la lengua de las punas significa "¡qué cabeza!"). Su carrera militar comenzó en 1982. En 1991, con el rango de capitán, Humala combatió los remanentes del grupo maoísta Sendero Luminoso en la ceja de selva, siendo posteriormente acusado de ejecuciones extrajudiciales. Por ello, fue investigado en un proceso que sería cerrado por falta de pruebas.
Luego de la caída del régimen fujimorista, Humala se mantuvo en la clandestinidad; posteriormente, solicitó una entrevista al presidente transicional Valentín Paniagua para entregarse. Su abogado presentó un Hábeas Corpus en favor de su representado, el cual devino en una amnistía para Humala por parte del Congreso de aquel entonces. Incluso regresó a la vida militar, fue agregado en distintos países, aprovecho el tiempo para estudiar en París, hasta ser pasado forzosamente al retiro en Diciembre de 2004, lo que dio origen a la sublevación de su hermano Antauro Humala, y posterior asalto a la comisaría de Andahuaylas. En octubre de 2005 se convirtió en el líder del Partido Nacionalista Peruano, y anunció su intención de postularse a la Presidencia del Perú en las elecciones generales de 2006. En estos últimos cinco años, la fuerza de Ollanta se ha hecho sentir en el Congreso, en el cual ha sido una de las fuerzas más activas. Se espera que en las elcciones de hoy se constituyan en la principal fuerza parlamentaria.
La elección presidencial de 2011 ha brillado por su carencia de propuestas y -ante la frivolidad que caracteriza la presencia de los candidatos en los medios- ha sido calificada por Mario Vargas Llosa como ‘una payasada’. El único que no se prestó al juego fue Humala, quien calificó todo este episodio con las mismas palabras del premio Nobel.
Esa imagen de seriedad se complementa con una imagen de moderación y corrección política que algunos en Perú, afirman, se trata de una estrategia electoral, la estrategia del lobo para parecer oveja. El revolucionario de hace cinco años ahora se autodefine como "católico conservador" y se reúne con las autoridades eclesiásticas del país. La ambigüedad es su rasgo más sobresaliente y los mercados están temerosos y a la expectativa.
Un dicho popular de larga data afirma que el Perú es ‘un mendigo sentado en un banco de oro’, y esa es una realidad en los tiempos de hoy. El Perú crece a una tasa sostenida de en torno al 7% anual, una cifra record para América Latina y una de las mayores del mundo. No obstante, el presidente García deja el cargo en medio de una popularidad promedio por debajo de 25%, principalmente por causa de la abrumadora desigualdad que campea por el país y una pobre política redistributiva. Esa es la causa principal que explica el probable triunfo de Humala y Fujimori, los candidatos populistas del abanico presidencial, en esta primera vuelta.
Bogotá, domingo 10 de abril de 2011.
martes, 12 de abril de 2011
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