viernes, 29 de febrero de 2008

IRON MAIDEN: CRONICA DISPERSA DE UN CONCIERTO LARGAMENTE ESPERADO.

Desde los trece años estaba esperando ese momento. Por fin tenía entre mis manos la boleta que me aseguraría la entrada al esperadísimo concierto de la banda inglesa Iron Maiden. No era un concierto más. En un país que ha sido escala de grupos ‘de segunda’, y donde la presencia de grandes bandas de rock se cuenta con los dedos de las manos, la visita de Iron Maiden no podía ser otra cosa que una buena noticia, sobre todo para aquellos de nosotros que recibimos más influencia de Iron Maiden y de Judas Priest, que del mismísimo Jesucristo el nazareno. Iron Maiden fue, junto con Judas Priest, la más influyente banda de la llamada ‘nueva era’ del movimiento del heavy metal británico. Su música fue decisiva para los derroteros que tomaría el metal al punto que para críticos como Daniel Bukszpan (2003), todos los criterios que hoy usamos para juzgar si una banda es verdaderamente ‘metalera’ pueden encontrarse en cualquier álbum de Iron ‘fucking’ Maiden.
Comencemos con un apunte biográfico. Iron Maiden me ‘arrancó’ de la niñez. Lo conocí a los trece años, gracias a mi entrada al ya entonces lánguido mercado del Heavy Metal, que se vehiculaba en nosotros, los adolescentes, en la forma de un ciclo infinito de intercambio de vinilos y cassettes, como los chicos gringos intercambian ‘baseball cards’. En la entrada a ese mundo sombrío y opuesto al canon estético occidental, ‘Maiden’ fue un punto de paso obligatorio. Fue una de las primeras bandas de metal que conocí, junto con las llamadas ‘cuatro grandes’ del trash metal (Metallica, Slayer, Anthrax y Megadeth). Con un sonido que no era para nada como lo que después se conocería como trash metal , pero que indirectamente terminó influenciando no solo este sino todos los subgéneros del metal, Iron Maiden se posesionó como el maximo estandarte de un rock acelerado, elegante y progresivo, que no tardó en alejarlos de la influencia punk y de bandas como Deep Purple, y Thin Lizzy, para encontrar su sonido característico y su nicho en un mercado in crescendo. Al cambiar el carácter de este mercado, y la música cambiaba de orientación (del ‘rock de sunset strip’ que se había convertido en una mala copia de si mismo, alabando una borrachera eterna de chicas, gasolina y perico, al decadente y escéptico sonido de Seattle), Iron Maiden se convirtió, en mi imaginario, en la banda representativa de aquello a lo que, musicalmente hablando, había que dar la espalda. Lo confieso, los primeros acordes de ‘Smells like teen spirit’ tuvieron un efecto catártico y descontaminante que hizo que, en cuestión de pocos meses, por allá en los primeros años de la década de 1990, una nueva jerga, nuevas bandas y nuevos sonidos reemplazaran al heavy metal en mis afectos personales. Rechacé a Iron Maiden hasta hace un poco mas de un lustro, cuando un diciembre desempolvé mis viejos discos y volví a girar mi atención hacia el metal y su sentido social, está vez guiado por la teoría cultural y en el marco social del ‘boom’ de la nostalgia que padecemos.
Por ello, mi emoción era indescriptible cuando tuve el ticket en mi mano. Recordaba todas las imágenes que circularon en mi adolescencia, grabadas durante el ‘World Slavery Tour’ de 1984 y 1985, que resultó en el conocidísimo compilado en vivo ‘Live after death’. Recordaba el virtuosismo musical, la energía en escena, la compleja pirotecnia; todo ello bajo el arrullo oscuro de sus letras crípticas y cargadas de lirismo y alusiones literarias, desde Chesterton, a Lovecraft y Coleridge. Se sabe que, al igual que Kiss, Iron Maiden es una banda que da todo por sus fans, quienes están incluidos en un rango de edad que va de los 15 a los 45 años. Todas estas expectativas crecían conforme se acercaba el gran día, penúltimo de febrero de 2008.
Desafortunadamente, lo que pudo haber sido el mejor concierto de mi vida se convirtió en una desagradable experiencia por cuenta de los organizadores y del cuerpo metropolitano de policía de Bogotá. Por un lado, la logística del evento brilló por su ausencia. De hecho, colapsó tan pronto algunos, muy pocos, trataron de ingresar sin pagar al recinto del Parque Simón Bolívar. Desde que llegué no había nadie que colaborara en hacer más expedito el ingreso al concierto. La fila se prolongó por horas. Yo llegué un poco tarde, pero con suficiente tiempo para, en condiciones normales, entrar al concierto con un margen de ventaja que me permitiera echar una meada y comprar otra cerveza. A pesar de ello, entré cuando la banda (maldita puntualidad inglesa), ya había comenzado a tocar.
La gestión de la policía, por otro lado, fracasó con un rotundo éxito. Funcionó a la perfección, eso sí, el estereotipo, la imagen mental y la ecuación según la cual: metalero = rebelde/ drogadicto/ violento. Representación mental que por lo demás, no es exclusiva de nuestro país. El dispositivo policial fue tremendo; desafortunadamente, fue orientado en contra nuestra y no contra quienes intentaban ingresar al evento sin pagar. Tenebrosos robocops antimotines acompañados por despistados soldados bachilleres, muchos de los cuales terminaron en medio de los desordenes del ‘pogotazo’, utilizaron su fuerza contra nosotros haciendo que por poco, mi novia y yo, casi no pudiéramos entrar a ver a la banda de mis pesadillas adolescentes. Entramos en medio de la presencia amoniacal del gas lacrimógeno, justo en ‘Run to the hills’ que nos pescó corriendo para alcanzar a pillar el final del concierto. La banda, como era de esperar, se fajó. Tocaron gran parte de su material viejo, junto con algunos temas, muy pocos, de sus trabajos más recientes. Todo un recital que pasó revista a sus más de 30 años de brillante y satánica carrera musical.
Al salir, el ambiente seguía cargado de un tenue tufo de gas lacrimógeno, esta vez en etéreo maridaje con el aroma de los chuzos y las mazorcas. En perfecta paz y muy agradecido con la banda, como tan asqueados por la actitud de los organizadores y la policía, terminamos la noche en ‘Abbott & Costello’ entre el humo y la cerveza.




Bogotá, Febrero 29 de 2.008.

LED ZEPPELIN: EL SONIDO PERMANECE IGUAL.

Primero una crítica. Soy parte de una generacion que creció viendo bandas languidecer por una u otra causa. Drogas, chicas, muertes, ‘discrepancias creativas’, entre un sinfín de razones, hacían que las bandas tuvieran su ciclo orgánico de nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. El cielo de los chicos de mi generación estaba poblado de bandas que, creíamos, eran parte de los tiempos pretéritos, del pasado ya ido. Sin embargo, estos muertos ilustres volvieron, algunos para darnos más de un susto. Yo crecí creyendo que KISS había muerto. Nunca pensé que regresarían, con todo y maquillaje, y que lo harían con total éxito.
¿Qué decir de otros ejemplos de resurrección? Mötley Crüe, Queen, Van Halen, Rage Against the Machine, Jackson 5, y en América Latina, Soda Stereo? Aceptémoslo, ahora la muerte es parte del ciclo de vida de toda banda. La muerte no es el fin de las bandas, sino el inicio de nuevos ciclos, a veces con nuevos integrantes, pero rara vez con nuevo material. La lógica que suele estar detrás, es la de la ‘banda corporativa’, inmensas industrias culturales alrededor de cuatro o cinco tipos en sus cuarenta, cincuenta, e incluso sesenta años, que comienzan a recibir cheques que superan en muchos ceros sus pequeñas pensiones.
No obstante, hay un resucitar que ha generado más ansiedad que los demás, y es el de Led Zeppelin, tras 27 años de muerte aparente. Recordemos, ‘Zeppelin’ se desintegró en 1980 tras el deceso de John ‘Bonzo’ Bonham, ahogado en su propio vómito en medio de una tremenda intoxicación etílica. En un acto de honestidad poco frecuente en la industria discográfica, anunciaron que no podían continuar con uno de sus miembros en el más allá.
Con el camarada caído, la separación prometía ser definitiva. No obstante, algunos de sus miembros, generalmente Jimmy Page y Robert Plant, se han reunido en unas pocas ocasiones. Primero fue en el ‘Live Aid’ en julio de 1985; luego, los tres miembros se unieron en mayo de 1988 para el concierto del 40 aniversario de Atlantic Records; en 1994, Page y Plant hicieron un MTV Unplugged (‘Unledded’) que los llevó a un tour mundial y la grabación del álbum ‘No Quarter’. Ahora, la disculpa es el concierto en homenaje al fallecido Ahmet Ertegun, (fundador del sello Atlantic) quien produjo sus mejores álbumes, antes que fundaran su propio sello ‘Swan Song’. Robert Plant, de 59 años y líder del grupo, el guitarrista Jimmy Page, de 63, y el bajista John Paul Jones, de 61, se reunieron el pasado lunes en el O2 Arena de Londres, en un concierto frente a 18.000 bendecidos asistentes, que no dejó dudas sobre la vigencia del legado de Led Zeppelín. Las críticas fueron superiores a la inmensa expectativa que había alrededor de la reunión de los ‘Richard Wagner del rock’. Los tres miembros originales que sobreviven, se unieron a Jason Bonhan, hijo del desaparecido baterista en una actuación con un repertorio de temas nuevos y viejos.
La expectativa era tal que la reventa de boletas llegó a precios que superaron los US$ 8.170 dólares en eBay. Los titulares de la prensa del Reino Unido anunciaban el "acontecimiento musical del año" y la "reunificación del siglo". Tal expectativa proviene de la posición privilegiada que ocupa Led Zeppelin en la historia de la música. Desde su creación en 1968 y hasta su disolución en 1980, Zeppelin le dio al mundo ocho álbumes donde exhibían una música profunda, mítica y mística, de depurada técnica y con una estética particular, dionisiaca y subversiva; aspectos de su música que les permitieron conquistar rápidamente un ejercito de fieles seguidores. Cuando salió su primer álbum, ‘Led Zeppelin I’, el 12 de enero de 1969, le tomó tan solo un par de meses para ascender al tope de los listados.
Su estilo de rock, influenciado por una estética psicodélica, y de letras arquetípicas y etéreas, les llevó por un sendero de excesos y reconocimiento a través de sus cinco siguientes grabaciones de estudio. En ellas, mezclaron el misticismo de ‘oriente’ con el blues y aceleraron el ritmo del rock & roll hasta niveles nunca antes escuchados. Sus dos últimos trabajos, sin embargo, no fueron recibidos con la misma emoción por los seguidores y la crítica, aunque son considerados por los miembros de la banda como los más representativos de su sonido.
La reunión del lunes coincide con el lanzamiento el pasado 13 de noviembre de "Mothership: The Very Best Of Led Zeppelin", un CD doble que recopila 24 temas del grupo. Para aquellos de nosotros que tuvimos la fortuna de escuchar a Led Zeppelin alrededor de los 15 años, y que crecimos escuchando a aquellas bandas metaleras influenciadas por su virtuosismo técnico y arriesgada técnica, el regreso de Zeppelin no puede ser otra cosa que una buena noticia.
No es un regreso más. Plant y Page parecen estar de acuerdo en que esta no será la última vez que se encuentren sobre un escenario. Más allá de sus más de 300 millones de copias vendidas, el legado de Zeppelin pasa por el hecho de que llevó el rock de las salas de recital a los estadios; los conciertos fueron su faceta más memorable. Aún podemos escuchar ese virtuosismo en los tres álbumes en vivo de la banda, ‘The song remains the same’, las sesiones en la BBC y ‘How the West was won’, un CD triple lanzado en 2.003 que recoge parte de su gira por los Estados Unidos de 1.972.
Dicen los económetras que una futura gira les aportaría a los miembros de la banda dos millones de dólares por actuación (cuando Plant y Page hicieron sus giras en los años noventa ganaron 21,4 millones por 63 espectáculos), una cifra que arroja dudas sobre la honestidad de su regreso. Pero, es mejor reconocerlo, la radicalidad es una moneda poco corriente en el alguna vez irredento rock & roll. Además, los ‘Zeppelin’ nunca han sido ajenos a las grandes giras y los grandes conciertos. Ellos rompieron sus propios records en su período de vigencia. Por ello, se espera que la gira que parece que se viene, sea no solo exitosa, sino que brinde la oportunidad de volver a ver en vivo a una de las grandes bandas del mundo. En estos casi 30 años, los miembros de la banda han rechazado, por inoportunas, lucrativas ofertas para unirse y regresar en una gira mundial. Esperamos que la razón que les ha llevado a cambiar de opinión sea esta vez el lanzamiento de nuevo material.


Bogotá, Diciembre de 2007.