jueves, 16 de julio de 2009

EVO, LOS SIGNOS Y LA HISTORIA.

Como si Bolivia no tuviera problemas más acuciantes, ahora el presidente Evo Morales Ayma ha iniciado una discusión bizantinoide que involucra los signos departamentales y los relatos históricos nacionales. A la tensa relación que viven La Paz y el departamento de Santa Cruz se añade esta discusión que empaña y aplaza las discusiones sobre los enormes problemas que atentan contra el desarrollo del país.
Recordemos: Evo tiene una pelea cazada con los cuatro departamentos que, encabezados por Santa Cruz, han puesto en duda la hegemonía de La Paz y propuesto estatutos autonómicos ante el proceso constituyente que pretende reforzar el poder de la sierra occidental, La Paz y la ciudad de El Alto, bastiones del Movimiento Al Socialismo (MAS), vehículo político en el cual Evo llegó al poder.
En el nuevo ordenamiento jurídico-político propugnado por Evo, Bolivia es un Estado plurinacional. No obstante, en la realidad el peso político y cultural del altiplano es enorme. Evo ve en Santa Cruz una amenaza constante y un enemigo para su proyecto político. Sus discursos así lo reflejan.
Ahora, a la discusión política y económica se suma una polémica sobre los símbolos del departamento de Santa Cruz que ponen en cuestión el discurso y los imaginarios andinos mediante los cuales Evo pretende refundar la nación boliviana cuyas bases simbólicas se asientan en las comunidades que viven por encima de los 3.000 msnm. Los símbolos andinos, la wiphala (bandera de siete colores que erróneamente se atribuye a los incas) y la chacana (cruz andina) chocan con la bandera, el himno y el nombre mismo del departamento de Santa Cruz. La ciudad y departamento de Santa Cruz no toman sus nombres de Andrés de Santa Cruz, prócer y presidente en la post-independencia, sino del símbolo católico. La religión católica con su Dios personificado que vive en los cielos, choca con el imaginario andino, donde lo sagrado vive en la tierra, lo mismo vale con sus símbolos. Desde su fundación, la cruz cristiana ha sido incorporada al escudo, bandera e himnos locales. El escudo de Santa Cruz de la Sierra fue otorgado por el rey de España Felipe IV mediante Cédula Real en 1636, emblema que lleva en el centro una gran cruz potenzada de color rojo. Por su parte, la verde-blanca bandera cruceña crecientemente es enarbolada e izada en actos públicos de oposición a Evo, se ha politizado. Lo mismo vale decir de la wiphala andina, la multicolor bandera andina. No existe minga, ceremonia privada o pública o acto de resistencia civil donde no se vean wiphalas por doquier. Finalmente el himno de Santa Cruz, escrito en 1909 por el poeta Felipe Leonor Rivera resalta la cruz y la herencia española en América, lo que ha desatado las críticas de Evo que ha llegado al poder enarbolando las banderas del anticolonialismo y el indigenismo.

El debate se atizó por las declaraciones de Evo el pasado sábado 13 de junio en un acto público de entrega de tierras a indígenas yuracarés en la localidad cruceña de Yapacaní. Concretamente, no le gustó una estrofa, aquella que dice: “La España grandiosa, Con hado benigno, Aquí planto el signo, De la redención”. Tras escucharla el mandatario afirmó: "hace un momento ustedes han cantado algo que no me gustó. Han dicho España la grandiosa". Agregó que al estar Bolivia "en una etapa de liberación", se debería cambiar el mensaje de "algunos himnos". Ya el año pasado, el 19 de junio, en un acto realizado en la comunidad El Bisito afirmó, en relación al himno cruceño que “si España fuera grandiosa no estaría deportando bolivianos” una tendencia que, por lo demás, no es particular de ese país sino de toda la Unidad Europea. De inmediato sonaron las voces que acusaban a Morales de revanchismo. Santa Cruz, la región más industrializada de Bolivia, encabeza la disidencia a la administración Morales. Esta región lidera el movimiento autonomista que el año pasado llevó a celebrar en este departamento y en los de Beni, Pando y Tarija sendos referendos para aprobar estatutos autonómicos. El Gobierno Morales no reconoció estos referendos ni los estatutos autonómicos aprobados en ellos por ser inconstitucionales e ilegales. En el estatuto autonómico de Santa Cruz está incluido el himno que tan irritado tiene a Evo. Las reacciones no se han hecho esperar: actos públicos de desagravio y declaraciones de políticos e historiadores, tanto cruceños como paceños, han cuestionado las palabras e intenciones del mandatario boliviano. Para ellos, se trata de un intento de "desviar la atención" sobre los "errores" de su Gobierno. Para el prefecto de esta región y uno de los principales opositores al Gobierno de Morales, Rubén Costas, esas opiniones no son trascendentes frente a los verdaderos problemas del país. Costas acusó además a Morales de no conocer "el verdadero sentimiento de cruceñidad" y aseguró que el propósito del mandatario es "buscar provocaciones y demuestra su animadversión a todo" lo que es de esa región.
Pero la explicación tiene algo más de fondo. El mismo ministro de Defensa, Walker San Miguel, dijo que el planteamiento del Mandatario tiene que ver con una ‘revisión de datos históricos’, lo cual nos obliga a analizar el momento en el que surge la polémica. En efecto, el día de escribir estas líneas (Julio 16) Bolivia celebra su bicentenario. Inaugurando una seguidilla de celebraciones que serán instrumentalizadas por el poder: Bolivia y Ecuador este año; Colombia, chile, México y Argentina en 2010, y Venezuela en 2011. En momentos de fuertes presidencialismos y con democracias amenazadas desde la derecha y la izquierda, es de esperar que los bicentenarios serán manipulados políticamente. El pasado, la memoria siempre han sido herramientas políticas para legitimar el poder del presente y para lograr identificación entre los miembros de un colectivo y entre estos y el poder que los domina. Por ello, es predecible que tanto el gobernante boliviano, como sus pares en toda la región se lucren políticamente y capitalicen la feliz coincidencia de sus regímenes con las fechas sacras del calendario litúrgico civil de cada país. Es esto lo que explica las críticas de Evo Morales al himno cruceño.
Morales hizo estas declaraciones en medio de una crítica a los líderes criollos del primer alzamiento americano contra España, ocurrido en la ciudad de Sucre el 25 de mayo de 1809, y del que Bolivia recuerda el Bicentenario este año, junto con la celebración de hoy 16 de julio. En una onda de revisionismos de esas historias sacras, las independencias de España, relatadas por historiadores con tono balada épica, y con claros intentos de manipulación, Hugo Chávez ha propuesto revisar el episodio de Berruecos para demostrar que las élites colombianas habrían matado al sacrosanto mariscal Antonio José de Sucre; ahora, Morales y sus funcionarios quieren revisar la historia para demostrar que tanto que Bolivia fue fundado por los aymaras, como que fueron los indígenas los verdaderos protagonistas de los procesos independentistas, y no las élites criollas. Es cierto que contrario a las versiones carlylianas de la historia -según las cuales los héroes y grandes hombres son quienes hacen la historia imprimiendo en ella su sello y designio-, son las masas anónimas quienes real y efectivamente hacen la historia, son su músculo. No obstante, desconocer el papel del descontento las élites criollas en los estallidos independentistas es una flagrante estupidez.
Según Morales, fueron los levantamientos indígenas de 1781, la sublevación indígena de Tupac Katari, los primeros gritos de libertad, y no el de los criollos de 1809 encabezados por el paceño Pedro Domingo Murillo, a quien algunos sectores radicales del movimiento indigenista consideran un traidor por colaborar con el ejército durante la mencionada sublevación. Muchos historiadores que han debatido el tema recientemente coinciden en que los alzamientos indígenas fueron "estallidos esporádicos de descontento contra las autoridades pero sin planes concretos". Por su parte, el vicepresidente Alvaro García Linera destacó un día antes de las celebraciones el germen indígena en la lucha por la independencia de Bolivia y América Latina, señalando que al ser una revolución paceña, quedaría evidenciado el papel que tiene La Paz como “guía intelectual y espiritual del proceso de cambio que vive Bolivia”.
En el momento actual de celebración de los bicentenarios, era predecible que Evo y sus colaboradores más cercanos, se atuviera a la ‘leyenda negra’, una versión histórica, no del todo inmerecida que, desde el siglo XVI, señalaba a los españoles como un pueblo atroz, como excepcionalmente crueles, intolerantes, tiránicos, oscurantistas, vagos, fanáticos, avariciosos y traidores.[1] Lo malo de la leyenda negra no es que los españoles no hubiesen, en efecto, cometido un holocausto con los grupos que se asentaban en el territorio americano. El problema es que se trata de una representación con muy poca fuerza analítica, no permite adentrarnos más allá de los imaginarios de la primera modernidad. No permite tampoco describir el enorme legado que, para bien o para mal, tuvo el periodo de la colonia en la constitución de las naciones en América, un error que también cometieron los próceres en los primeros de la post-independencia, quienes negaron el legado colonial en aras de dejar atrás la ‘horrible noche’ de la colonia, negando de hecho las enormes continuidades entre los dos periodos históricos.
Lo que Evo parece ignorar es que, en honor a la coherencia, si se cambia el himno cruceño él mismo debería cambiarse sus nombres y primer apellido: Juan Evo Morales. Debería también renunciar a la enorme ayuda española que en forma de cooperación, recibe Bolivia de España, su primer donante (hay unas 48 ONGs españolas con proyectos activos en el país), lo cual no es poco si tenemos en cuenta que aproximadamente el 10% del PIB de Bolivia proviene de la ayuda internacional.[2]
Entonces, de lo que se trata realmente esta querella por los signos y símbolos es de una típica manipulación política del pasado para obtener réditos en el presente. La revolución paceña del 16 de julio, que tiene una gran importancia en el proceso histórico americano, se ha convertido en un instrumento político del MAS. No olvidemos que Bolivia asistirá, el 6 de diciembre de 2009, a una elección general, en la que el presidente Evo Morales intentará un nuevo mandato hasta el año 2015, y a referendos regionales en 5 departamentos para decidir sobre un modelo de autonomía con el cual discrepan otras cuatro regiones. Y las celebraciones del bicentenario le caen a Morales como anillo al dedo. A dicha celebración que se celebrará hoy mismo, asistirán los presidentes de Venezuela, Nicaragua y Paraguay, junto al vicepresidente de Cuba, países todos miembros del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas). Los demás países invitados, sólo mandarán a sus cancilleres. Las celebraciones no solo se han politizado sino que, inevitable en un país como Bolivia, se han regionalizado. Como afirma el diario el país, de la celebración ha quedado excluida la, muy rica en recursos, mitad oriental de Bolivia, de población predominantemente mestiza y opuesta al proyecto indigenista de Morales. Según el diario madrileño el país ya festejó dividido el pasado 25 de mayo las primeras ideas independentistas gestadas en la Universidad San Francisco Xavier en Chuquisaca. Hubo un acto en Sucre al que acudieron los gobernadores opositores a Morales y uno paralelo organizado por el Gobierno a unos pocos kilómetros de allí.[3] Evo asistirá a las ceremonias, acompañado de sus compinches hemisféricos, pero sin representantes políticos de una enorme porción del territorio nacional, porción sin la cual la gobernabilidad y la idea misma de nación se hace impensable.
No creo que el himno a Santa Cruz sea una loa al colonialismo. La colonialidad reside en estructuras mentales y cognitivas más profundas que los signos regionales. Creo firmemente que requerimos nuevas escrituras de la historia, que evidencien que esta se hace ‘desde abajo’, son las masas anónimas quienes hacen la historia. Que la independencia no fue un glorioso episodio nacido de la acción providencial de los próceres. No obstante, la manipulación de Evo de la historia me parece un uso abusivo (si se me permite la redundancia) de la historia que no ayuda a esa integración regional y política boliviana que dice defender. Hay que esperar que la manipulación política del pasado desborde las fronteras bolivianas en estas celebraciones del bicentenario. Gobernantes de todos los frentes del espectro político van a manipular las fiestas patrias, tal como siempre lo han hecho, para reivindicar el orden presente. Colombia, obviamente, no será la excepción.
Bogotá, Julio 16 de 2009.

[1] Powell, Philip Wayne, (1985, primera edición de 1971). Tree of Hate. Valecito, California: Ross House Books. Pag. 11.
[2] En: http://www.cesareox.com/personal/colaboraciones/articulos/30561/la_cooperacion_internacional _y_la_espa%C3%B1ola_en_bolivia.html. Página visitada el 14 de julio de 2009.
[3] En:http://www.elpais.com/articulo/internacional/Bolivia/excluye/pasado/criollo/bicentenario/independencia/elpepuint/20090715elpepuint_17/Tes. Página visitada el 14 de Julio de2009.

miércoles, 8 de julio de 2009

WILLKA KUTI.




Y llegó el año 5.517 según la cronología aymara. A mi me cogió con los pantalones bien puestos; 3 pantalones para hacer justicia a la precisión. Iba advertido: aquella iba a ser la noche no solo más larga, sino además, la más fría del año en el altiplano boliviano. Y así fue. Ni siquiera en las laderas de la cara norte del monte Aconcagua había sentido mi cuerpo tanto, tantísimo frío. Este era un frío seco, que cortaba el aliento e impedía hablar; típico de la meseta del Collao. Un frío que en el Perú había matado decenas de infantes en las últimas semanas, un dato macabro pero muy revelador.


Al sol, ‘tata willka’ (en aymara) o ‘tata inti’ (en runa simi o quechua), lo anhelábamos, lo esperábamos. Antes de su salida el frío era glacial, polar, espantoso. El Willka Kuti o fiesta del retorno del sol se celebraba en muchas comunidades de La Paz, Chuquisaca, Cochabamba, Potosí y Oruro. Pero yo había decidido vivirlo en Tiwanaku, centro político y espiritual del imperio tihuanacota, horizonte simbólico y cultural del mundo andino.

Con sus siete complejos arquitectónicos, la mayoría de ellos orientados astronómicamente, Tiwanaku refleja el esplendor de la civilización que habitó este, hoy, sitio arqueológico a setenta kilómetros de la ciudad de la Paz, y muy cerca del lago Titicaca. La cultura tihuanacota, que ejerció enorme influencia en los Andes centrales (para muchos es, junto a la cultura Chavín, el horizonte, la cultura ‘matriz’ de las civilizaciones andinas) fue una de las más longevas de América. Los arqueólogos rastrean sus orígenes entre el 1500-1400 AC, y su colapso entre el 1100-1200 DC. Esta persistencia temporal le permitió desarrollar el bronce, técnicas avanzadas de medicina, y un complejo sentido de la planeación urbana, lo cual se hizo evidente ante mis ojos, tan pronto estos se posaron sobre la antigua ciudad.



Llegué a Tiwanaku a las 11 PM, tras beber unas paceñas en una húmeda peña de la calle Illampu en la capital boliviana. Atravecé la ciudad de El Alto y tomé rumbo al Titicaca por una oscura carretera. Hacia la media noche estaba en Tiwanaku. Lo primero que hice fue acercarme a una de muchas fogatas que iluminaban la helada noche, tratando de arrancar unos pocos grados al frío. Era impresionante: gente de todo el mundo, y venidos de distantes ayllus y marcas, trataban de acercarse, de juntar sus humanidades para que el calor de los cuerpos los mantuviera abrigados. Pero era inútil. Conforme pasaban los minutos el frío se hacía más y más severo. La noche la pasamos en un ambiente surrealista. Entre tragos de chicha, humo y vaho transcurrió el tiempo, animado por quenas, Charangos, zampoñas e instrumentos de huyphipacha y jallupacha. La música entraba en los pulmones, calentándolos. Los amautas, algunos venidos de Ecuador, Chile y Argentina, comenzaban a preparar las ‘mesas’, ofrendas de pago a la pachamama, para pedirle por el regreso del sol y agradecerle al viejo año por la provisión de alimentos.

Como en otras fiestas solares arquetípicas, el Willka Kuti, equivalente aymara al cada vez más falso y teatral Inti Raymi cusqueño, está relacionado con los ciclos de renovación cósmica, con fiestas agrícolas que en todo el mundo celebran la fertilidad y los ciclos de vida y muerte. El significado del Willka Kuti para los aymaras y campesinos bolivianos es enorme. La fiesta coincide con el fin de la cosecha y el inicio de la preparación de la tierra para un nuevo ciclo agrícola. Podría decirse que aquí vale más el calendario andino que el soso calendario gregoriano y sus ambiguas fiestas, muchas de ellas montadas sobre celebraciones paganas, saturnales dionisiacos y fiestas arquetípicas de renovación agrícola.

Hacia las seis de la mañana, el cielo comenzó a teñirse de un tenue azul que cada vez se hacía más y más intenso. El sol comenzaba a asomarse tras las montañas; pero aún no salía. Yo había pasado la madrugada tratando de engañar el frío con mate de coca mezclado con singani tarijeño, y chacchando bollos de la más sagrada planta americana. El momento más frío de la noche fue justo antes del amanecer, cuando el termómetro cayó a -17º C. No sentía los dedos de los pies, a pesar de llevar encima toda mi parafernalia de andinista. Anhelaba el sol, su calor protector, sus rayos asomando por la montaña.

De repente, las manos comenzaron a levantarse, los cuernos andinos comenzaron a resoplar, anunciando la inminente salida del astro rey. Los amautas comenzaron a entonar sus cánticos y a encender las ofendas a la tierra. La claridad del azul celestial era ya total. A las 7:15 de la mañana de ese 21 de junio se dio. Salió el sol.



Suelo declararme como agnóstico y escéptico en cuestiones metafísicas, sobre todo si se trata de cuestiones del ‘espíritu’. Para mi el espíritu (geist) suele ser una patraña occidental que expresa su autoconciencia colonizadora. No obstante, al momento de salir el sol algo ocurrió en mí. Un júbilo indescriptible, una alegría que podría llamar, si se me permite la expresión, ‘cósmica’, me apoderó. Si es que tengo un alma, un soplo místico, un impulso vitalista, o un espíritu, pues este salió de mí en ese momento, juntándose con una conciencia cósmica que estalló cuando los rayos solares tomaron contacto con mi cuerpo. Fue una experiencia religiosa, y fui feliz como nunca antes lo había sido.


Se desató la fiesta. Cogidos de la mano formamos una laaarga ronda. Bailamos frenéticamente en medio de los cantos de los amautas y el humo de las ofrendas a la pachamama. Los minutos pasaban y aumentaba la temperatura, ahora un par de grados por encima del punto de fusión. Un sol, como nunca había visto comenzaba a calentar y hacernos sentir su poder. El frío mermaba, más no la felicidad de todos los presentes. La fiesta continuó hasta media mañana cuando el Kalasasaya o Templo de las Piedras Paradas comenzó a desocuparse. Yo seguí la fiesta hasta avanzada la tarde, cuando la prudencia y mi estómago me advirtieron que era hora de regresar a la Paz. Tomé el tren que me dejó en El Alto; de ahí en colectivo hasta mi hostal, a mi habitación, a mi cama, donde caí como una pesada piedra de moler, y entré en un profundo sueño. Al despertar, tomé papel y lápiz, y escribí estas líneas.

La Paz, Junio 22 de 2009.

sábado, 4 de julio de 2009

LAMENTO BOLIVIANO.


Que difícil es hablar de los grupos humanos sin caer en el esencialismo, ese pecado capital según el cual existen esencias inviables e inmutables, estructuras definitorias de los conglomerados sociales. No obstante, quisiera escribir sobre Bolivia, asumiendo un esencialismo estratégico, y esbozar lo que, tras tres viajes a este país, son mis impresiones personales sobre este estado nacional que no en vano ha sido denominado el “Tíbet de América”.
Bolivia es un país que desde siempre ha luchado por mantener su unidad y su autonomía. Lo que durante la colonia se conoció como el “alto Perú”, constituye en realidad un variado mosaico de climas, regiones y culturas que, como cualquier país, impide hablar de una única Bolivia. Existen múltiples bolivias. Esta fragmentación es tal vez la principal riqueza del país (por encima de sus inmensas fuentes de metales y de gas natural) pero también su mayor reto. La nación, ese artificio de las clases dominantes es aún más ficticia en Bolivia; existen pocos mínimos comunes denominadores que permitan pensar a Bolivia como una “comunidad imaginada”. Es decir, por motivos étnicos, políticos y económicos, con mucha dificultad los bolivianos se sienten en comunión con la misma identidad nacional.
La fragmentación regional no es particular de Bolivia. Excepto Chile y Argentina (que viven sus propias fracturas), todos los países andinos se distinguen por tener sus territorios fragmentados por zonas bióticas y geográficas entre las que se destacan las costas, las sierras y las selvas y llanos en los casos de Venezuela y Colombia. Bolivia no tiene costa, pero si una muy fuerte fragmentación entre la sierra occidental y los selvas y planicies del nororiente del país. Esta fragmentación ha devenido en un fuerte clivaje político en el cual ha cristalizado una fuerte oposición entre estas dos regiones naturales; grieta que se ha ahondado con la presidencia de Evo Morales Ayma y su discurso radicalizado hacia un reforzamiento de la hegemonía de La Paz, El Alto y la sierra en general.
Desde siempre ha existido una rivalidad política entre la Paz y Sucre. Aunque Sucre es la sede del poder judicial, La Paz ha usurpado la mayoría del poder político y financiero, y es hoy por hoy, la capital de facto del país (no obstante, todos los sucreños con lo que he hablado sostienen que la gobernabilidad del país reside allí, en Sucre). Esto ha causado un enorme problema político, manifiesto en las intenciones y voluntades autonomistas de los prefectos y la clase política en general, de cuatro de los nueve departamentos del país: Tarija (departamento que alberga la segunda reserva de gas natural de América), Santa Cruz, Beni y Pando. Aunque, a la fecha, el conflicto parece estar en una tensa calma, al mismo tiempo una solución definitiva parece por ahora inalcanzable: Evo sigue con su proyecto de reforma constitucional (que establecería un fuerte control centralizado en la Paz), mientras los departamentos rebeldes continúan con sus planes autonomistas.
A pesar de la calma aparente de los últimos meses, el caos político subyace en el país. El caos es la esencia del país político, su acto fundacional como república. Como parte del Perú, Bolivia gana su independencia de España en 1824. No obstante, fuerzas leales a la corona se rebelaron contra la fuerzas “patriotas” sumiendo al país en una pequeña guerra civil. Tuvo Bolívar que mandar a su fiel perro el mariscal Antonio José de Sucre para poner fin a la rebelión. Sucre y una fuerza expedicionaria logran una cierta estabilidad que es aprovechada por las élites del “Alto Perú” para proclamar la independencia del país que en honor al padrecito de los pueblos americanos pasó en adelante a denominarse Bolivia. Tres años más tarde, Andrés de Santa Cruz, tomó el poder formando una confederación con el Perú, lo cual detonó la furia de Chile, cuya armada derrotó a Santa Cruz en 1839, rompiendo la confederación y llevado al país a un marasmo que llegó al clímax en 1841, cuando tres diferentes gobiernos reclamaban simultáneamente el poder. La inestabilidad política ha sido desde entonces constante. Hasta hoy, tras 184 anos de vida republicana, el país ha soportado 194 cambios de gobierno, terribles dictaduras que han apagado la protesta social y enormes pérdidas territoriales.
Sea por guerra o por diplomacia, Bolivia ha perdido una enorme cantidad de territorio que le ha llevado a ser esa república enclaustrada que es hoy día. De triste recuerdo para la memoria colectiva del país, sus cruentas guerras contra Chile) que le llevó a perder su añorada salida al mar) y ante Paraguay, la denominada guerra del Chaco, que, con un saldo del 80 mil muertos representó la perdida del llamado Chaco boreal. Hoy, Bolivia es la mitad, territorialmente hablado, de lo que debió haber sido. Los chilenos siguen explotando la puna de Atacama y los paraguayos la zona del Gran Chaco.
La melancólica pero a la vez, extrañamente festiva, psique nacional aún resiente estas perdidas y sigue adelante a pesar del desorden político. Los anos mostrarán que le espera a esta triste Bolivia indiana, blanca y a la vez mestiza, siempre esperando tiempos mejores para alcanzar el anhelado desarrollo social, económico y político.
La Paz, Junio 10 de 2009.

EL ESPECTACULO DE LA LIBERTAD.

La tragedia del secuestro, no es particular de Colombia, pero el alcance que adquiere en nuestro país es algo que ningún país ha sufrido ni sufrirá. Solo la experiencia límite de Auschwitz o Bergen Belsen y del gulag puede compararse con la tragedia que han padecido miles de Colombianos. El secuestro político y su magnitud, es otra particularidad del caso Colombiano. Una de las razones del desprestigio de la izquierda europea y latinoamericana fue el recurso al secuestro como arma política, principalmente como instrumento de presión para llevar a la liberación de cuadros y militantes. No obstante, las FARC han llevado esta terrible estrategia a niveles inéditos.
El secuestro político no es nada nuevo en Colombia. A los de mi generación no nos cuesta recordar los nombres de José Raquel Mercado, Marta Nieves Ochoa o Andrés Pastrana, como parte de esos bienes simbólicos que macabramente los actores del conflicto han utilizado como medio para el logro de sus fines. Pero tras la negativa del Estado a negociar con las FARC la liberación de más de 300 soldados y policías que tenía secuestrados, inició la tenebrosa práctica de engrosar un botín humano de personalidades de la vida política nacional, para llevar al Estado colombiano a una derrota política, paralela al avance de su estrategia militar. La negativa del gobierno Uribe a negociar con las FARC bajo ninguna condición, ha llevado a las FARC, a la larga, a una derrota política y a entregar, a cuentagotas y dolorosas cuotas, a los ‘presos políticos’, manteniendo a los militares secuestrados mientras se adelanta un intercambio.
La alegría que ha acompañado las liberaciones, no obstante deja un sinsabor por la manipulación que, gobierno y oposición (Chávez incluido) hacen de esta terrible tragedia que entra en las páginas negras de la historia en letras mayúsculas. Todos quieren manipular políticamente la ocasión, convirtiendo tanto el escenario como la escena, en un espectáculo, un tinglado donde se representa un performance tan real como construido. La noticia se sale de lo estrictamente político y raya con el entretenimiento, las noticias de farándula y el mundo de las celebridades. Impulsados por una sociedad que acompaña la felicidad con el morbo, los medios se lanzan sobre aviones y helicópteros que traen en sus vientres a los secuestrados de vuelta a sus familias, la sociedad y la vida. Estos, que llevan años de maltrato, silencio y muerte, preparando en la soledad de la selva las palabras y gestos que van a decir a la sociedad, a los amigos y a los seres queridos, se deslumbran por el flash, la seducción de las cámaras y los micrófonos, se despachan contra sus captores, contra el gobierno mientras los ciudadanos-televidentes, medio aterrados, medio atontados, sacian su sed de detalles y un torrente de emociones cubre la piel nacional produciendo una catarsis colectiva y momentánea.
Se producen entonces momentos que se inscriben como relieve en el inconsciente colectivo: el madrazo de Pinchao al ser rescatado, la celebración de Ingrid y sus compañeros al enterarse de la liberación, el gesto de Luís Eladio Pérez aún en la selva, el abrazo de Sigifredo López. Ellos, ni bobitos que fueran, alimentan el interés nacional por su tragedia con publicaciones que se convierten en Best Sellers y que han convertido en lectores consumados a miles de Colombianos que nunca antes leían un libro. Estos textos constituyen un nuevo género por derecho propio, la “literatura del secuestro” que, (me perdonan) más motivada por el deseo de saciar una enfermiza veleidad colectiva que por escribir para superar el trauma, no alcanza el nivel de expresión literaria de un Archipiélago gulag, La escritura o la vida o Si esto es un hombre. No quiero ni pensar en el éxito que adquirirá el libro de Ingrid cuando salga publicado, pero seguramente servirá para reforzar su estatus casi sacro en la opinión pública internacional.
Me alegra la libertad de soldados y políticos por igual, como condeno el secuestro económico o extorsivo; no obstante, en los ultraparadógicos tiempos del uribismo exacerbado que vivimos, la libertad se ha convertido en un espectáculo en el que se trivializan la política, el debate y la libertad; y poco se enriquece la democracia y el debate público.
Bogotá, Febrero de 2009.

LA MUERTE DE FEDERICO CAMPANINI.

http://www.youtube.com/watch?v=kTMXtdNEK0I

Una gran polémica se ha armado en la Argentina en las últimas semanas a raíz de la muerte de Federico Campanini en las nieves del Aconcagua, la montaña más alta de América. Un video, dado a conocer por Carlos Campanini, padre del fallecido montañista ha sido determinante para juzgar lo que allí sucedió.

El Aconcagua seduce a montañistas de todo el mundo debido a su título de montaña más alta de América, del hemisferio sur, del hemisferio Occidental y además, por ser la mayor cima por fuera de Asia con sus 6.962 metros de altura. Es conocido el mal carácter del Aconcagua: sus vientos huracanados, sus fríos polares, su viento blanco, y sus aterradores seracs, bloques de hielo que se sostienen como guadañas y que hacen de muchos de sus flancos mortales apuestas. Ninguna cara del Aconcagua es fácil, debido a que su cercanía con el Océano Pacífico le convierte en víctima de fuertes vientos que a esa altura, hacen sumamente difíciles las condiciones de escalada por cualquiera de sus caras. Eso lo aprendí en mi propia carne.

En cuestiones que atañen a las grandes cimas del mundo y a los dramas que allí pueden desarrollarse, máxime en montañas peligrosas como el Aconcagua, los criterios morales que solemos utilizar para juzgar las cosas acá abajo, no son los mismos que debemos aplicar a lo que sucede allá arriba, donde imperan otros axiomas éticos y morales que son incomprensibles para todos aquellos que no están acostumbrados al drama que puede surgir a grandes alturas y sus exigentes condiciones. No obstante, el video dado a conocer en todos los medios del país austral nos permiten juzgar lo que ocurrió en esa tragedia que cobró la vida de Federico Campanini y una escaladora italiana.

Fue una casualidad el haber estado en la montaña en el momento que sucedió dicha tragedia. De hecho, Felipe Villegas mi compañero de cordada y yo, subíamos el trayecto entre la zona de “Ibáñez” y la “Cuesta Brava” el 6 de enero, en medio de la tormenta que, a pocos metros de la cima, sometía a la cordada italo-argentina a sus rigores. Abajo, la tempestad que se extendió por más de una semana convirtió un esperado verano en plaza de mulas, en un invierno que evitó que la montaña fuera conquistada durante días.

Esta ha sido una temporada trágica en la montaña, seis personas murieron en el tiempo que estuvimos en el Aconcagua. Sabíamos del drama que se desarrollaba arriba, el cual hizo mella en el ánimo de todos quienes esperábamos que la montaña nos diera una oportunidad. Sabíamos que Campanini se encontraba unos cientos de metros debajo de la cima; que una escaladora italiana, en estado avanzado de edema cerebral, se había arrojado al abismo; que se habían perdido en el glaciar de polacos descendiendo de la cima por la ruta normal; que Campanini se había comportado como un héroe sacrificando su calor corporal y su fuerza física por el bienestar de sus clientes. En efecto, al regresar sanos y salvos a Mendoza, los tres italianos sobrevivientes defendieron la labor de Campanini cuando tras hacer cumbre, inexplicablemente se salieron de la ruta normal y se adentraron en el peligroso 'Glaciar de los Polacos'.

Por requerimiento judicial, el procedimiento de rescate fue filmado; el video llegó a las manos de los padres de Federico Campanini quienes presentaron una querella argumentando que su hijo fue maltratado y abandonado con vida en el ‘centinela de piedra’. En el video, que resulta una experiencia visual escalofriante, se ve un grupo de seis rescatistas (incluido el camarógrafo) intentando salvar la vida de Campanini. No obstante, no hay que ser montañista para darse cuenta que el grupo de rescate cometió muchos errores que ponen en evidencia un alto grado de improvisación y plantean serios cuestionamientos éticos frente a la forma en que se procedió.

Lo digo una vez más, la ética de la montaña no es la misma que impera a cotas más bajas. La montaña, escenario dantesco de dramas en los que la vida se apaga con facilidad y donde la muerte es parte de la cotidianidad, se rige por normas morales en los que el rigor de las condiciones imponen que la vida propia impere sobre la de los demás, es decir, el máximo imperativo es salvarse a si mismo y no intentar ningún rescate si esto pone en peligro la vida propia y la del grupo. Sin embargo, lo que se observa en el video de rescate de Campanini son montañistas en buen estado físico, agotados pero sin riesgo de perder la vida en medio de una tormenta que sin embargo ofrece condiciones necesarias y suficientes para intentar un rescate. Pero la improvisación es evidente. El camarógrafo no hace nada por impedir la tragedia más que lamentarse sin mover un entumecido dedo. Los rescatistas se ven más afanados por salir pronto de allí que por llevar a Campanini hacia la cima, recorriendo los 400 metros que los separan de ella para regresar por la ruta normal. No llevaban carpas, agua, palas, camilla, dexametasona (un corticoide que ayuda a mitigar los síntomas de mal de altura, además de funcionar como las hormonas esteroides), sleeping bag o guantes, que hubieran salvado la vida de Campanini, o al menos, aumentado las probabilidades para el guía mendocino.

En vez de todo aquello, los rescatistas arrastran a Campanini como un animal, lo insultan y comentan en voz alta lo cerca que está su muerte. Se trata de un rescate que resulta, a diferencia del Aconcagua, atacable desde todos los flancos. El rescate fracasó con total éxito, y el video ha dado la vuelta al mundo.

La polémica se ha desatado y, a pesar de vivir estos tiempos de relativismo cultural y moral, juzgar lo que sucedió a unos pocos cientos de metros de la cima del Aconcagua es fácil: los socorristas cometieron una serie de errores que no ayudaron a mejorar las condiciones en las que se encontraba Campanini. El otro juicio, no el moral sino el de la justicia argentina, sigue en curso, y los argumentos de la familia Campanini son sólidos, dada la prueba documental del video. Lo que sucedió con Federico Campanini plantea muchas preguntas concernientes al montañismo, la solidaridad, la empatía con el sufrimiento del otro, la vida y la muerte. Las imágenes de ese rescate probablemente queden inscritas en mi mente como testimonio de un drama ajeno pero que me tocó de cerca, muy de cerca.

Pucón, Chile. Febrero de 2009.