miércoles, 14 de julio de 2010

Colombia (declaración de amor a la distancia).

Inspirado en La Patria, de Jorge Lanata.

Densa, tensa, incluso aceitosa, con pocas estrellas y la tenue luz del 'otro' lado de la luna, alumbrando la hoja de papel. En esta fresca noche porteña, a la distancia, te evoco Colombia. Te quiero paisito a medias, apenas podría llamarte sociedad. Pedazo de tierra arrojada a su suerte, abandonada por Dios. Agregado de almas en pena, atravesando una ordalía de 2 siglos, de 5 siglos. Esquina pobre de un continente pobre, bañada por dos océanos y por un mar de sangre. País humillado, la caca del mundo, país arrastrado; quemándote a fuego lento, hundiéndote el aguijón in secula seculorum; país de doctores, titerillos y arreglos bajo la mesa al calor de un tintico. Patria de culebreros y contratistas; de mafiosos glorificados en la tele; de sicarios y putitas; de reinas y futbolistas; vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga: miss universos, desplazados, himnos nacionales, biodiversidad, viveza, tragedia y certámenes deportivos. Te quiero pañuelo sucio, con tu bandera que nadie distingue de la venezolana o la ecuatoriana; tu himno incomprensible para todos tus hijos; país parido por dos padres: uno con delirios napoleónicos y el otro leguleyo, del cual heredaste esa horrible costumbre de violar la ley; de hacerte bella en la ley, pero irrespetarla al mismo tiempo, después de las once de la noche.

Te quiero, cascarón de huevo sin contenido; relato frágil, retazo de mentiras y mitos, de verdades comprobadas en ninguna parte. Crisol de razas sancochadas en la exclusión, en la negación; paisito que te miras al obligo y te crees el centro del mundo. País de gigantes tratados como enanos; país querido, sentimiento íntimo, nación ilusa, que te jactas de ser 'el país pobre más rico del mundo'.

Te quiero, cobija en la que cabemos pocos y donde muchos caen de la cama. Ser colombiano es postergar la vida, la felicidad siempre está por llegar, pero no llega. Ser colombiano no es un acto de fe. No. Ser colombiano es desear; ser colombiano es mirar al horizonte esperando que nuestros hijos sí puedan vivir en un país de oportunidades. Ser colombiano es esperar la tierra prometida, la edad de oro, el porvenir siempre por venir. Ser colombiano es vivir en el mañana, como un perro persiguiéndose la cola, condenada a vivir tu eterno retorno.

Te quiero país de fiestas y conmemoraciones; de estatuas, mausoleos y fuego eterno ; país que te regodeas en un pasado glorioso pero vacuo, el cual discrepa de un presente siempre incierto y un futuro sin forma. Siempre agachando la cabeza; siempre a la espera del próximo puente festivo; para pegarte la rodadita al valle del magdalena, a 120 por hora, ebrio y aspirando el aroma de la tierra caliente. Parménides tenía razón, en ti nada cambia. Nada te conmueve, nada te despierta. País inengendrado, inestremecible, inmóvil, increíble. País tirado a la vereda, con tu suelo lleno de pólvora; y con tu cielo, que también se llena de pólvora cada fiesta patria ¿Qué celebras Colombia? ¿Crees que eres libre? ¿Crees que los esclavos obtuvieron la libertad en 1819, que las mujeres fueron ciudadanas y obtuvieron su igualdad en esa fecha? Malas noticias, eres un proyecto inconcluso, una idea mal concebida, un capricho de nuestros gobernantes. La horrible noche no ha cesado y los dolorosos surcos siguen abiertos; el bien tarda tanto en germinar que la inmarcesible gloria parece una promesa más de tus políticos.

Te quiero país desnudo que sueña con ser algo; te quiero en las cimas de tus montañas, pero también allá abajo, en el fango de los golpeados, de los desplazados, de los millones de indigentes, de quienes no tienen que darle al Estado mas que hijos para alimentar la guerra; te quiero en tus pueblos y ciudades; en tu fría capital donde nadie ayuda a nadie; en la plaza de Bolívar donde ronda la muerte vestida de cuello blanco. Te quiero país saqueado, asaltado, robado y escupido. País de delfines, sapos y lagartos; país de presidentes que han sido hijos y nietos de presidentes. País sin rostro, país anónimo, no te conocen ni tus vecinos; país temido, país requisado; país cuya tarjeta de identidad ante el mundo es tu barbarie, tu rosario de tragedias; tu mágica realidad salpicada de bombas y masacres.

Pero te quiero país de barro, y otros también te quieren, y algo saldrá de este sentir. Algún día te sacudirás tus plagas; y te reconocerás en la voluntad de ser tú misma, tan gaseosa, tan indefinible, tan maravillosamente esquiva. Tu, que siempre te resbalas entre mis dedos. Colombia, eres más que tus símbolos, hay que soñar para conocerte; escapas a la lógica; emanación inconsciente de millones, sueño transformado en pesadilla. Te quiero país de cartón mojado; te quiero sin esperanza y sin perdón, y sin esperar nada a cambio; sin vuelta y sin derecho; nada más que de lejos y amargado…y de noche.

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