lunes, 3 de mayo de 2010

PORQUE VOTARE POR ANTANAS MOCKUS.


I. Una advertencia previa. No soy mockusiano. Estoy impregnado de una desconfianza innata hacia la política. Cuando inicié mis estudios de ciencia política tenía muchos anhelos y, en un delirio medio romántico, medio heroico, entré a estudiar esa disciplina incierta con la firme esperanza de transformar el país y el mundo. La teoría social, la experiencia y la lógica curricular propia de la carrera me hicieron romper esos sueños y entrar en la trágica unidimensionalidad de la realpolitik. Empaqué mis sueños de revolucionario en un baúl, teniendo la transformación de la sociedad como una estrategia no caduca, pero si en espera de nuevos héroes y nuevas teorías para el cambio social. Me conformé con aquellas tácticas de resistencia a los micropoderes cotidianos que cruzan el cuerpo y anidan en todo espacio social, desde las industrias fordistas a los dispositivos de vigilancia posfordistas.
En Colombia es fácil desconfiar de la política. Una cultura política tradicionalmente basada en el clientelismo, el trámite violento de los asuntos públicos, los clivajes cristalizados con sangre y la corrupción a todo nivel, hacen que la desconfianza hacia la política, en Colombia sea una actitud casi natural. Si, la crisis de la política y de la democracia representativa es un fenómeno global y la desconfianza hacia la política campea en arenas tan separadas social, geográfica y culturalmente como Estocolmo o Uagadugú. Todas las democracias sufren de esa falta de confianza en la clase política. Al tiempo que el estado retrocede dejando al mercado la regulación de la vida social, la brecha entre gobernantes y gobernados se hace más y más amplia. No obstante, en nuestro pobre país es endémica. No se trata de un fenómeno novedoso, acá la desconfianza es secular. A la desconfianza a las autoridades coloniales sobrevino una desconfianza mutua entre los seguidores de Santander frente a Bolívar y viceversa, y luego, una desconfianza entre los partidarios y dirigentes del liberalismo y conservatismo que desembocó en la Violencia de la mitad del siglo XX.
La desconfianza, entonces, es parte de nuestra cultura política. Se trata de una desconfianza mutua. Los gobernantes también desconfían de los gobernados, de sus propios votantes con quienes mantienen relaciones permeadas por la razón cínica: el intercambio de votos y conciencias por el TLC, lease Tamal, Lechona y Cerveza (otros dirían Teja, Ladrillo y Cemento).
Yo no soy ajeno a este fenómeno. Soy un politólogo que detesta la política. No me malinterpreten, amo el tipo ideal de la política y detesto la distorsión del concepto al que nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes. La discrepancia entre la política ideal, entendida como la reasignación consensuada, negociada y deliberada de los recursos sociales y la realidad de nuestra precaria realidad política me ha llevado a ser defensor y partícipe de distintas causas, la mayoría de ellas perdidas. La participación política me parece la mejor manera de transformar el mundo y discrepo de esos viejos marxistas y anarquistas para quienes el cruzarse de brazos resulta más útil que participar en la construcción de mecanismos de democracia directa. Mi desconfianza hacia la política me impulsa hacia la participación como una forma de transformación social.
II. En la actual situación política la participación es el horizonte ineludible de nuestra realidad. En el actual contexto de crisis de todos los sistemas políticos y ante la amenaza autoritaria y de colapso moral del gobierno uribista, quedarse cruzado de brazos no me parece una opción correcta. Sea por el candidato del pelambre que sea, el quietismo político no resulta sensato. Soy pragmático, y voy a votar por Antanas Mockus como estrategia para lavarle un poco el rostro a nuestra maltrecha y ajada democracia. Ciertamente Antanas no va a transformar las estructuras profundas de nuestra sociedad, ni representará un gobierno de poder popular. Pero le devolverá al Estado su legitimidad perdida. Y como firme defensor de la intervención social del Estado, creo que un Estado legítimo es condición sine qua non del Estado benefactor y de la democracia radical y deliberativa. Me choca un poco su personalidad gris, que ni se inclina hacia el mercado ni hacia el Estado, sino todo lo contrario; esa forma criollizada de tercera vía sancochada con folklore lituanoamericano. Más allá de eso, y una vez más, en un necesario y justo arrebato en la Colombia que padezco y ante el ramillete de opciones que pueblan el tarjetón electoral, voy a votar por Antanas Mockus para contener la derechización de la política nacional. Creo que Mockus tiene una voluntad firme de transformar las costumbres de nuestra cultura política que son causantes de todas nuestras desgracias como colectivo. Siento que con él hay una opción real de transformar el rumbo del Estado egoísta a que nos tienen acostumbrados los últimos gobiernos, exacerbado en la administración Uribe Vélez.
Pero sobre todo, creo que puede, quiere y debe, devolverle la confianza a la política, propender por despercudirla, despojarla de todo aquello que la mancilla. La historia me enseñará si tuve o no la razón. Mi memoria pesimista me recuerda decepciones de todo tipo en el tiempo pretérito, pero voy a correr el riesgo de votar por él. Hay que correr el riesgo. De lo contrario, me temo, el destino nos obligará a rumiar nuestros errores por no haber asumido una actitud pragmática en uno de los momentos más críticos de nuestra historia.

1 comentario:

pucalpina10 dijo...

Que buen articulo, definitivamente me encanta como escribes y comparto muchas de tus opiniones y visiones de la realidad colombiana. Tengo que decir que con mas entusiasmo del que he sentido en otras elecciones presidenciales, esta vez votare por Mockus, esperando que lo que el tenga que mostrar siendo presidente de este pais se diferencie de lo que he tenido que ver en los ultimos años, estoy cansada de escandalos politicos que a pesar de ser graves pasan como noticia de un solo dia para dar cabida a un nuevo escandalo aun peor; me entristece la desigualdad y la poca justicia que hay en nuestro pais, y podria enumerar tantas cosas que creo que mi comentario se extenderia demasiado.

Para resumir en busca de un cambio yo tambien votare por Mockus al igual que tu.

Sigue escribiendo, es un placer leerte.